Los problemas y los temores suelen ser la causa de la frigidez. Cuando las relaciones sexuales no funcionan bien, no siempre «la culpa» es de la mujer.

Ninguna mujer tolera ser considerada «frígida», y es extraño el contraste con siglo pasado, cuando a la mujer ideal se la valoraba por lo opuesto: inocente de todo deseo sexual y tan «pura» como la nieve.

¿Qué significa ser «frígida»?

Aunque no tenga un significado médico preciso, la frigidez implica que la mujer, durante el acto sexual con el hombre, tiene cierto grado de incapacidad para conseguir la liberación apasionada de la excitación sexual, excitación que culminará, en algún momento, en el orgasmo. Pero, de hecho, las mujeres que aparecen por los consultorios y dicen que son «frígidas» sufren diferentes tipos y niveles de problemas sexuales.

Los problemas y los temores suelen ser la causa de la frigidez.

Los problemas y los temores suelen ser la causa de la frigidez.

A veces la mujer siente tan sólo inseguridad y desconocimiento sobre lo que realmente son las relaciones sexuales. Puede haber experimentado orgasmos, pero su preocupación de que ese momento no coincida con el de su pareja puede preocuparle hasta el punto de perturbar su vida sexual, aunque también puede ser que no desea tener relaciones sexuales con tanta asiduidad como su marido. En otros casos, la mujer puede tener un compañero que sin saber por qué casi nunca desea tener relaciones sexuales con ella. El puede intentar defenderse acusándola, argumentancto que hay algo en su comportamiento sexual que no logra excitarle; en estas ocasiones la mujer acude a la consulta para averiguar si es frígida, para saber si debe «sentirse culpable».

La forma en que la mujer alcanza el orgasmo suele ser otra de las causas de preocupación. Muchas mujeres normales sólo llegan al clímax sexual cuando su pareja las acaricia el cuerpo y el clítoris, no llegando al orgasmo por los movimientos del pene dentro de la vagina. Estas mujeres que no alcanzan el orgasmo vaginal se quedan con la duda de si podrían llegar a experimentarlo y llegan a creer que tienen algún defecto grave.

Las mujeres que suelen preocuparse demasiado por estos problemas, por lo general no tienen la confianza necesaria en su sexualidad, y tienden a medir su actuación en relación con una noción idealizada y completamente falsa.

La pareja intenta en estos casos seguir lo que lee sobre las mejores técnicas sexuales para alcanzar la satisfacción mutua. Y si la mujer no nota ninguna mejoría esto puede aumentar su inseguridad hasta llegar a pensar seriamente que hay algo que no funciona bien.

¿Hay algunas mujeres que nunca
alcanzan el orgasmo?

En contraste con los problemas sobre la frecuencia y los tipos de orgasmos, hay algunas mujeres que consultan al médico por no llegar de ninguna manera al orgasmo. Pueden sentirse excitadas durante el coito, pero no encuentran la forma de llegar a la culminación de la excitación con el orgasmo. En estos casos la mujer puede pensar que es apasionada en lugar de frígida y acusar a su pareja de falta de habilidad.

Otras buscan nuevos amantes con distintas técnicas sexuales, y en el caso que acudan al médico, les es difícil reconocer que su dificultad puede tener algo que ver con sus problemas emocionales íntimos. En algunos casos acusan al médico de incompetencia, pensando que debe ofrecerles una forma fácil de solucionar su problema.

Hay otras mujeres que parecen ser incapaces de sentir deseo o excitación con la experiencia del coito. Pueden describir la experiencia sexual como si desde otro rincón de la habitación fueran las espectadoras de lo que sucede en la cama. Es como si no quisieran participar en la «realidad» de la experiencia, y por ello se bloquean y temen no poder sentir ninguna reacción sexual.

Es posible incluso que estando solas tengan intensos sentimientos y fantasías sexuales. Una paciente dijo a su médico que al volver a su casa en el tren sentía tanta excitación sexual que si su marido le hiciera el amor lo disfrutaría; pero al encontrarse en la cama con él no sentía nada.

Otras mujeres confiesan no sentir nunca deseo o placer sexual en ningún tipo de coito. Pueden sentirse cariñosas, felices al besar y abrazar a su marido; a veces hablarán de él diciendo que se porta «bien» con ella, cuando lo que en realidad quieren dar a entender es que no les exigen frecuentes relaciones sexuales. Algunas consideran el coito como algo desagradable, repulsivo o sucio y se someten a sus maridos por sentido del deber.

Entre este grupo de mujeres hay algunas que acceden a estas relaciones más por el deseo de satisfacer a sus maridos sexualmente que por sentirse realizadas y experimentar el placer sexual: «No lo quiero para mí, pero deseo que mi marido quede realmente satisfecho.»

Pueden sentirse angustiadas al hablar de sus sentimientos íntimos, y al mostrar agresividad, «déjeme sola», están dando a entender «ajusta el mecanismo que falla, es todo lo que quiero». Estas pacientes suelen ser las más difíciles de aconsejar y de lograr resultados efectivos, ya que esto implica derribar las defensas que han construido cuidadosamente alrede­ dor de sus puntos vulnerables.

¿Cómo puede influir la formación en su sexualidad?

En la mayoría de los casos cada mujer empieza su vida con un potencial para tener una sexualidad plena y alcanzar la satisfacción sexual. Pero puede sufrir experiencias negativas o una deficiencia en su entorno emocional que le afecte profundamente. En algún momento, de alguna forma, en los años que van desde el nacimiento a la madurez, sus vivencias la llevan a excluir las motivaciones sexuales, ya que pueden causar unos conflictos emocionales irresolubles para ella. Por supuesto no se dan dos casos iguales de mujeres que sufran un bloqueo emocional, y las razones son muy complejas.

Ciertamente, la formación desempeña siempre un papel importante al modelar sus actitudes en lo que al sexo se refiere y también su capacidad para mantener una relación sexual satisfactoria con su pareja. Pero no son siempre las normas rígidas de los padres lo importante, sino las actitudes sobreentendidas de ellos. Aunque muchas madres hablen de una forma natural acerca del sexo, no sirve de mucho si están inhibidas físicamente.

Lo que sí es importante es la capacidad básica de la madre para ofrecer cariño físicamente, y las relaciones físicas entre los padres, ya que ésta es la imagen que la niña incorporará a su sentido de feminidad que se está desarrollando.

La pérdida del padre o de la madre, cuando el niño es pequeño, crea una falta de seguridad que puede afectar su forma de relaciones cuando sea adulto y puede llegar a crear dificultades en el acto sexual. Una mujer puede tener miedo de «ablandarse» a la marea de la pasión que se desencadena en ella por el miedo instintivo de verse frustrada como se sintió, hace tiempo, al perder a uno de sus padres.

El comportamiento de la madre hacia el bebé en su más tierna infancia también es muy importante. La madre nerviosa que sostiene a su hijo como si se tratara de una frágil porcelana china puede, a un nivel primitivo no verbal, comunicarle un sentido de inseguridad. La madre cariñosa, contenta y confia­ da, imbuirá en el niño el sentido de seguridad tísica que suele desarrollarse en forma de confianza sexual.

Los jóvenes que no han tenido suficiente seguridad y amor cuando eran niños pueden crecer soñando en las relaciones sexuales como un gran acontecimiento que les compensará con creces de las privaciones afectivas anteriores. Y lo más probable es que la realidad no estará a la altura de este concepto idealizado, aunque con el tiempo pueden aprender que el coito puede ser una experiencia profunda y satisfactoria.

¿Es posible ser frígida con un hombre y no con otro?

Cada mujer, y también cada hombre, tienen una imagen secreta y privada del tipo de relación sexual y del amante que les hace sentirse excitados sexualmente de forma satisfactoria. El amante debe darles ese algo muy especial que les permita realizarse en su feminidad de una forma placentera y agradable. Y sí es cierto que hay compañeros adecuados o inadecuados para cada persona.

Esto puede ser un problema en el caso de las personas que se casan muy jóvenes; a menudo se van alejando el uno del otro y sus necesidades sexuales privadas están cada vez más en desacuerdo. Otras mujeres con «problemas» de frigidez resulta que tienen como compañeros personas que ignoran las necesidades de su pareja durante el coito, siendo incapaces de acariciarlas o de mostrarse cariñosos. En estos casos la frigidez puede ser la manifestación de un mecanismo de defensa que les protege de la frustración o el desengaño en las necesidades sexuales que toda mujer tiene.

Aun así, buscar otros hombres no ayudará a la mujer a solucionar sus dificultades si el problema principal radica en su propia inseguridad emocional.

¿Los cambios en el cuerpo conducen a la pérdida del apetito sexual?

Tener la imagen de un cuerpo hermoso y saludable da confianza en sí misma y en su sexualidad. Si se altera esta imagen, de alguna forma puede empezar a perder esa confianza en sí misma que le es tan esencial.

Algunas mujeres descubren que no disfrutan del coito después de haber tenido un bebé. Se sabe perfectamente que esta reacción post-natal suele desaparecer, pero algunas mujeres tienen un temor oculto de que el nacimiento del niño les haya quitado su capacidad de disfrute sexual para siempre, en especial cuando el parto ha sido largo y difícil o le han dado puntos.

Los cambios de la menopausia pueden también ser problemáticos para la propia imagen de una mujer; la ruborización, los sudores fríos y la menstruación imprevisible, pueden llegar a hacer pensar que es el cuerpo quien toma el control y que no puede evitarlo de ninguna manera. Otras veces, la falta de secreción vaginal puede dar origen a unas relaciones sexuales dolorosas, aunque esto no hubiera ocurrido nunca antes. Y por añadidura, el rostro, en el espejo, parece no reflejar la misma imagen de siempre, la que les inspiraba confianza. Parece ser que el sentirse satisfecho de su propio cuerpo es un componente importante de la felicidad en la vida sexual. E indudablemente no debe sentirse ningún tipo de vergüenza, duda o pudor cuando se consulte al médico sobre cualquier cambio físico o ante la pérdida de interés en la sexualidad.

¿Dónde puede dirigirte para recibir ayuda?

Los libros y los sitios web pueden ser una fuente de explicaciones y consejos reconfortantes si la mujer encuentra en ellos un caso similar al suyo. Por otro lado, estos mismos suelen estar llenos de indicaciones sobre las técnicas adecuadas o inadecuadas y pueden hacerle sentirse más deprimida todavía. Por lo general, una mujer obtendrá más ayuda para solucionar su situación al hablar con una persona que pueda ver el problema en la relación con su entorno y formación. Su médico puede ayudarle y en caso contrario le recomendará a un especialista en este campo. También algunas clínicas de planificación familiar tienen sesiones para aquellas personas con problemas sexuales.

¿Que opinas de este artículo?

Etiquetado en:

,